El adiestrador de mandriles.

El adiestrador de mandriles.
Diseño de imagen: Manolo García.

jueves, 17 de mayo de 2018

VEN Y ESCUCHA.





-Ven y escucha. No pretendo que me comprendas, pues se que hay cosas que sólo llegan con la experiencia. Necesito un momento del tiempo que disfrutas inconsciente de su transcendencia, porque aún siendo joven para la vida ya me he hecho viejo para ti, y es mi deber enseñarte mientras permaneces a mi lado.
Quizás crees que has aprendido todo de mí, pero dudo si sabrás reconocer algo de ello en tu forma de sentir y de mostrarte al mundo. 

Ser uno mismo no es fácil, pues para ello es imprescindible la lucha. La identidad es el instinto más fuerte en el ser humano, algo por lo que trabaja hasta languidecer lentamente como la llama de la vela que consume su cera.
No es posible apartarse, mirar para otro lado cuando de uno mismo se trata. La lucha es inevitable por cuanto que la identidad nace de la afirmación del ser, lo que provocará que entre en conflicto con otras identidades en sus relaciones sociales.
Y por ello, sin pretenderlo se ve obligada a luchar constantemente, enfrentada a todo lo que marcha en contra de su voluntad y que intenta anular su valor para imponerse sobre ella.

Negarse a la lucha necesaria es negar la identidad pretendida, dejar de ser uno mismo para satisfacer otros deseos.
Por eso no me pidas que abandone la lucha y que guarde la llama que porta mi ser mientras otras alumbran el camino, porque hacerlo significaría encarcelar la identidad de mi alma. No conozco otro modo de sentir, otra forma de realizar mis cualidades, algo que necesito para amar la vida con las fuerzas suficientes con las que abrazarme a ella y mantener viva mi llama hasta fundirme en su hoguera.

No pretendo que me comprendas, sólo la experiencia hará que lo consigas. Pero a partir de ahora sabrás reconocer lo que te revelo y nunca más dudarás de su verdad.










sábado, 12 de mayo de 2018

ÉXITO Y FRACASO.









Esbozó una sonrisa y con cariño contempló su barba ceniza ascendiendo por las patillas y conquistando con su mismo color el pelo oscuro y rebelde hasta el flequillo encrespado. El rostro anguloso, marcado por las arrugas profundas que el tiempo añade al gesto del carácter temperamental, apasionado; y la mirada cansada y profunda, protegida tras las lentes sucias de sus gafas.


Quiso preguntar, pero sabía todas las respuestas que podía obtener.



-¿El éxito? ¿El fracaso?



-El éxito personal no resulta de la magia ni de la casualidad - se dijo -, se debe primero a la consecución de la voluntad del ser para realizar lo que pretende, que sólo con tenacidad y perseverancia consigue; y luego al reconocimiento y la admiración de los demás por tal afirmación de voluntad personal, para ellos imposible.

Es por tanto que sin reconocimiento social no se consigue el éxito que se pretende.
Y es que, realmente, el fin de la voluntad del ser cuando persigue el éxito en sus acciones no es otro que el reconocimiento social, pues ello confiere respeto a la personalidad.

Y de forma contraria resultan los fracasos de las acciones, cuando sin tener en consideración el reconocimiento y respeto que merecen para los demás se llevan a cabo sin reparar en medios, haciendo un ejercicio de imposición del ego perjudicial para sus intereses, que raramente concuerdan con otros y que son condenados al fracaso.

Nuestro éxito en verdad se debe a los demás, a quienes no es bueno menospreciar magnificando el valor de nuestras acciones, pues sin ellos no encontrarían forma y sentido. Así evitaremos la pretensión maligna de imponer nuestra voluntad y no fracasaremos.   
De otro modo, de nada servirá lamentarnos mientras buscamos en vano culpables de los errores sólo por nosotros cometidos, pues cuanto más lo hagamos más sentiremos la soledad y la frustración de los proyectos malogrados, echados a perder por la vanidad del orgullo desmedido.