El adiestrador de mandriles.

El adiestrador de mandriles.
Diseño de imagen: Manolo García.

miércoles, 30 de agosto de 2017

PRODIGIOSO.










-Un hombre es capaz de hacer cualquier cosa que haga otro hombre - le dijo -. Por eso no debes afanarte intentando ser el mejor con lo que haces. Éso no te llevará muy lejos, necesitarás todo tu tiempo.

Lo realmente prodigioso de cada hombre se encuentra en su corazón y es algo único e irrepetible que otro no puede alcanzar por más que se esfuerce.
Y ese prodigio, que existe también en ti, no tienes que ganarlo, no tienes que competir por él; nadie puede arrebatar tu forma de sentir y de mostrarte al mundo.

Crecerás en la medida que hagas posible tu prodigio compartiéndolo con quienes te lo reclamen, nada más. Y siempre será tuyo, nadie negará su valor, todos lo reconocerán.

martes, 15 de agosto de 2017

INMUTABLE.





-No lo olvides - le dijo -. En el mundo hay cosas que nunca cambian, mientras que otras lo hacen constantemente para que aquellas se mantengan. Es una ley natural que a menudo olvidamos, que intentamos trasgredir constantemente para no sufrir su tiranía, sin darnos cuenta que existe también dentro de nosotros, que es condición de nuestra naturaleza.
No cambian el amor ni el odio cada vez que los sentimos,  sólo cambia la forma con la que mostramos u ocultamos tales sentimientos. No cambian el sol y la luna aunque cada día amanezca distinto, sólo cambian las nubes vistiendo el cielo con su formas caprichosas. Aunque al odio lo recubramos con oro y al amor lo unjamos con pobreza, nunca mutarán su naturaleza, pues ambos sentimientos se encuentran fuera del alcance de nuestra ambición y no se pueden poseer, sólo por ellos ser poseídos.
Sabemos desdoblar el haz de luz y transformarlo en colores, extraer de él su calor hasta convertirlo en movimiento, pero aún no conocemos su naturaleza. Por eso es bueno aceptar pronto que hay cosas que no podremos cambiar nunca por más que lo deseemos. Ellas son la guía de su nuestro discurrir existencial para no disolvernos prematuramente en la mutación constante de la materia, pues siempre que las sintamos reconoceremos su naturaleza inalterable.
El amor y el odio, la risa y el llanto, el perdón y la venganza, la prudencia y la pasión, el compromiso y la doblez, y así cada uno de nuestros sentimientos contradictorios, nos conducen por los senderos de la existencia. Saber identificarlos significa tener las riendas de nuestras vidas en las manos. De otro modo, nos perderemos definitivamente en la confusión del movimiento que nos contiene.