El adiestrador de mandriles.

El adiestrador de mandriles.
Diseño de imagen: Manolo García.

domingo, 19 de marzo de 2017

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA.







Le preguntó porqué estaba tan triste y desconsolada, sentada sola en aquel banco intentando contener las lágrimas que afloraban a sus mejillas.

-Porqué me he equivocado - le contestó la joven después de recomponer su rostro inflado por el llanto.

El anciano, que a pesar de los años mantenía la compostura de su buena planta, se inclinó sobre ella y con gesto amable le dijo:

-Todos nos equivocamos más a menudo de lo que quisiéramos. Hay cosas que no sabemos aprender de otro modo. No debemos derramar lágrimas por lo que resulta de nuestras equivocaciones, pues ellas nos enseñan a encontrar el camino que debemos seguir.

-No lloro por haber tomado el camino equivocado - le respondió la joven después de lograr borrar el puchero de sus labios -, pues ahora conozco la verdad que me ayuda a serenar mi carácter impetuoso, sino por el dolor causado a quienes más me querían, que trataron de sacarme del error en el que me mantenía atrapada la obstinación de mi conducta intransigente y egoísta. Creí que su sufrimiento se debía a su incomprensión, cuando era yo quien no comprendía y lo provocaba. Desprecié de ellos su experiencia por no convenir a mis deseos, y experimenté por mi cuenta creyendo estar preparada para todo. Y no era necesario el dolor que provoqué por afianzarme en mi error creyendo llevar razón porque era de mi vida de lo que se trataba; un dolor que a su vez se reflejaba en mí carácter convertido en rabia e impotencia y que me impelía a emprender huida hacia adelante cada vez que me sentía derrotada por no conseguir imponerme. 
Ahora vuelvo con las manos vacías y el corazón lleno de heridas que no se como curar.

Después de solicitar su permiso, el anciano se sentó en el banco al lado de la joven , y tras fijar en ella la mirada, con gesto bondadoso y sonrisa agradable le dijo:

-Quizás pienses que has ido demasiado lejos y eso te asusta, pero no has hecho más que dar el primer paso en tu camino, ése que sólo tú recorrerás y para el que habrás de estar preparada, pues ya nadie decide por ti. Has reconocido el error que quizás ganaste con arrogante ignorancia y eso te salvará de la siguiente equivocación, no lo dudes. Pero si quieres sanar las heridas abiertas en tu corazón, deberás cambiar tu conducta de ahora en adelante para aliviar el dolor de quienes ofendiste con el desaire de tus decisiones. Ellos seguro que te aman, a pesar de todo; y no hay herida que no se cure con amor.
Todos hemos sido jóvenes y nos ha pasado. También quisimos aprender la vida por nosotros mismos sin contar con la experiencia de otros ni con el tiempo que nos emplearía su aprendizaje, y lo que es peor, sin contar con aquello que dejaríamos atrás para siempre por consumar otros deseos. Y quizás ese tiempo y lo que pusimos a un lado para realizar nuestro empeño por encima de todo, era la razón del sufrimiento de quienes nos amaban y estaban a nuestro lado, pues intentaron ahorrarnos lo que ellos antes habían perdido también, y por no conseguirlo se sintieron culpables de nuevo; esta vez de nuestros errores, que consideraron suyos por no haber sabido detenerlos a pesar de lo aprendido.
Por eso, no llores más, es el momento de tomar tu primera decisión importante y de la que nunca te arrepentirás, ahora sabes que lo importante es la felicidad que pretenden todos nuestros deseos, y que no llegará mientras quien está a nuestro lado sufra por ellos. Nunca es tarde para volver a la razón del corazón, porque él es el único camino.

El anciano, tras terminar su discurso, se inclinó buscando el rostro cabizbajo que la joven ocultaba entre su melena. Después tomó su barbilla en la mano, y dirigiendo hacia él la mirada de sus ojos claros, le mostró una sonrisa tan natural y sincera que la hizo sonreír al mismo tiempo que se echaba entre sus brazos.

- Gracias abuelo -. Y le estampó un  beso fuerte y sonoro en la mejilla. -Nunca lo olvidaré.











  
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