El adiestrador de mandriles.

El adiestrador de mandriles.
Diseño de imagen: Manolo García.

martes, 20 de diciembre de 2016

LA GRANDEZA DEL SER.






-Mi ser es pequeño - reveló el sentir - insignificante en el cosmos inalcanzable a la imaginación; pero hay muchos por debajo de mí, tantos como los que por encima están.
De éstos nada espero, salvo menosprecio y servidumbre. Acostumbrados a ambicionar lo más alto, sienten vértigo si miran al abismo, y miedosos de caer al vacío intentan ignorar a quienes no están a la altura de sus expectativas. Sólo para poder elevar su posición recurren a ellos. 

Llegan hasta mí los que miran por debajo del horizonte que yo miro, incrédulos de alcanzar por sí mismos otro más elevado; pensando que podrán vivir como yo vivo, si les revelo mi secreto. Como no tengo secretos, sólo hospitalidad y comprensión puedo darles. Después parten tristes, pues vinieron buscando pan y yo les di palabras; llegaron tras la llama de una ambición y yo eché serenidad en la hoguera de sus almas. Pero nunca dejarán de recordarme, pues bajé hasta su altura para compartir el mismo bocado, igual tiempo y sentimiento, y partí mi brazo junto a ellos por su causa.

Con el tiempo he aprendido a darme; antes, sólo venderme sabía. Únicamente la entrega sin reservas obtiene el premio del reconocimiento honesto y agradecido de los demás, necesario siempre en la realización espiritual.
Y hoy me siento agradecido, pues he recibido de otros seres aplauso sincero y admiración profunda.

Mi ser es pequeño, insignificante en el cosmos inalcanzable a la imaginación; pero hay muchos por debajo de mí, tantos como los que por encima están.







miércoles, 30 de noviembre de 2016

CONVICCIÓN.






-Como reo de este mundo, me declaro partidario de la vida. Reconozco la culpa de sentir cada momento con pasión y no arrepentirme por ello. Admito mi agradecimiento por cada experiencia, sin renegar de ninguna, pues incluso las que no ambicioné, que malograron los anhelos más vehementes de mi corazón, hicieron que sintiera lo que muchos no imaginarán jamás, y forjaron mi personalidad para hacer comprender a la razón lo que otros quizás nunca consigan.

Nada que reprochar, lo positivo y lo negativo pesan lo mismo en la balanza y sigo manteniendo el equilibrio en el filo de navaja.

Acato la sentencia de vivir para sentir y dejar constancia de mi paso fugaz, apenas perceptible. Cumpliré sin oponerme la condena que la vida me imponga hasta el momento inevitable. Su llegada me abrirá la puerta a la eterna serenidad, donde no habrá motivo para buscar, donde no necesitaré elegir porque todos mis sentimientos se transformarán en uno con lo indivisible. 







Alego en mi favor que nada tomé, que todo me ha sido dado, por eso guardo en el corazón los pequeños triunfos de mi entrega sin desterrar las derrotas de la voluntad.

Todo desaparece, pero de un modo u otro también perdura, como las sonrisas que logro, los besos que entrego, las lágrimas que derramo, el amor que recibo.

Ya no sueño, sino que realizo. Para lo primero antes fui niño, en lo segundo sólo rindo tributo al ser que pretendo.

Apenas deseo, aprendí a conformarme y ahora tengo de sobra.






sábado, 12 de noviembre de 2016

EL SECRETO DE LA LONGEVIDAD.






-Aún late con fuerza mi corazón, aún la sangre corre vigorosa por las venas y nutre cada una de las células de mi cuerpo. Todavía el dolor no doblega mi voluntad y las fuerzas me acompañan para seguir peleando, pero me angustia la certeza de saber que un día hasta el mismo dolor se apartará de mí, pues dejaré de existir.  ¿Cuál es el secreto de la longevidad? - Preguntaron las palabras.

-No existen secretos, talismanes ni elixires capaces de librar al ser de su levedad - reveló el sentir -. Sólo los proyectos aportan capacidad de regeneración al ser que los plantea y desarrolla, permitiendo continuidad a su existencia.
La longevidad del hombre se mide por la intensidad con la que vive su tiempo.
Los proyectos significan retos de realización que necesitan voluntad de superación y acción imprescindible. Entre tanto la existencia transcurre intensamente atareada en la creación que se le propone, sin dejar puertas abiertas a la tiranía del destino.
El ser humano necesita el sabor dulce del triunfo para soportar lo amargo de las derrotas que seguro obtendrá, de ahí que no sólo habrá de plantear batalla para defender su valía, sino que deberá ganarla para sobrevivir en la guerra sin cuartel que toda existencia supone. Su estrategia será la perseverancia y su fuerza la convicción de lo que cree honesto y necesario en su ambición.
Sin proyectos la existencia transcurre sin transcendencia y el ser languidece y muere desconectado del mundo que le rodea . Sin ellos, la longevidad del ser es más insignificante que una gota de agua en un océano.  
















lunes, 31 de octubre de 2016

EL HILO CONDUCTOR.










-A veces vienen y se llevan consigo el sosiego, arrastrando a mi corazón por lo que creía desterrado de la memoria. Otras, aparecen para entristecerme con sensaciones imposibles de repetir, por las que un día entregué mi ser entero y que quedaron en el camino con las fuerzas por ellas derrochadas.
Pero también me retornan a los momentos felices, a los pequeños triunfos de la voluntad, a los aciertos de mi decisión; al germen de la persona que soy, con quien convivo en paz después de tanto tiempo de separación, sin saber uno del otro. ¿Se puede vivir sin recordar? - Preguntaron las palabras. -¿Qué significan los recuerdos?


Y el sentir reveló:

-Los recuerdos son el hilo conductor de la memoria, que permite al ser reconocerse en su bagaje por el tiempo. Sin ellos la memoria muere y el ser se convierte en un desconocido de sí mismo. Sin ellos, la vida que sentimos no es posible por inconsciente, pues la vida del ser humano es vida consciente de su transcendencia. 
Los recuerdos contienen sentimientos experimentados, que son guía de la existencia y definidores de la personalidad verdadera. Todos sin excepción son necesarios, pues sin unos, los otros no podrían ser identificados y reinaría en nuestras vidas la confusión, que limitaría más las posibilidades de realización existenciales para conducirnos de regreso a la ley natural del instinto salvaje.

Los recuerdos son retazos de vida que sobrevive al tiempo en la memoria. Son el alma que mantiene habitado el cuerpo, sin la cuál se derrumba y se convierte en materia inanimada.
Difícil es vivir de recuerdos; imposible cuando desaparecen.