El adiestrador de mandriles.

El adiestrador de mandriles.
Diseño de imagen: Manolo García.

lunes, 3 de noviembre de 2014

ESENCIA DE RECUERDOS.







- Vuelvo para reencontrarme con el pasado oculto tras el impenetrable telón del tiempo, pintado con pinceladas de recuerdos que se superponen para conseguir su textura y componer su color único e irrepetible. El mismo telón que parece cerrar sesión, pero que esconde tras él una obra nueva, otra realización por experimentar para ser representada en el teatro de la vida.

Y respiro de nuevo el aire diáfano, puro, en la inmensidad de los campos preñados de luz bajo el cielo imponente, regio como las piedras milenarias que me ven y reconocen, pues antes me contemplaron al pasar también caminando a su lado.

Recorro otra vez las calles de tapiales de barro centenarios y caducos, que se resisten a sucumbir ante las piedras antiguas y señoriales que se muestran perennes al tiempo. Calles desoladas, esperando pacientes el agua del cielo otoñal para matar el polvo que dejó el verano, que perfumará el aire con las primeras gotas que se precipiten al suelo.
















Todo ha cambiado, mas todo permanece.
Somos viajeros de la vida, que se refleja en los seres para tomar forma. Pero nuestras obras desafían al tiempo y dejan huella en él, señal de identidad y referencia para las siguientes generaciones, que seguirán su estela ensanchando el camino del ser humano hacia la eternidad.

He reconocido el eco del chapoteo de mis pasos de antaño por las mismas calles solitarias, bajo la lluvia fuerte de los nubarrones grises del otoño fecundo; refugiándome en los portales esperando que pasara el chaparrón; llamando a las puertas, que se abrían siempre cordiales a mi ofrecimiento.  














Debí preguntar primero para sentirme seguro de los rostros, que se mantenían jóvenes en mi memoria porque la distancia había impedido que conociera la metamorfosis que en ellos había producido el tiempo pasado. Me sentí reconfortado, pues comprobé que el instinto de lo vivido conservaba aún la esencia de los recuerdos y que mi percepción había sido acertada.  

Volví, sí; para reconocer lo que apenas tuve tiempo de apreciar, aquello que duró en mis manos el instante fugaz de la brisa en el bochorno estival.
Y centré la mirada en el recuerdo que resucitaba de nuevo ante mis ojos, los cuales cerré para evitar otra luz que no fuera la de su imagen y así grabarlo de nuevo en la memoria. Para no olvidar que otro día habría de volver; como precio, como tributo a su generosidad. 










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